“Aprenda a aquietar los
‘remolinos de la mente,’ y en la inexorable batalla diaria de la vida encuentre
sosiego en el cansancio, ánimo en la desesperación, y refugio en la tempestad.”
Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra, “La Mente del Guerrero Iluminado”, 2007
Como el título implica, esta serie de libros trata simultáneamente
de varios temas. Para comenzar nos introduce a un arquetipo humano, a la vez
místico y arcaico conocido como el “Sabio-Guerrero Iluminado”; por otra parte
nos habla de su “mente”, que incluye por supuesto su ‘mentalidad’. Entendemos
intuitivamente al menos, que la ‘mente’ es el aspecto más esencial de cualquier
ser humano. Finalmente el subtítulo nos refiere a la acción de seguir un
“sendero” por el cual vamos a llegar a conocer a algo quizás sí menos
conocido, el “Sennin”, que quizás hemos
deducido que algo tiene que ver con el “sabio-guerrero iluminado”.
Mucho queda
explicar con respecto al título – de hecho toda esta serie de libros hará falta
para llevar al lector a una comprensión satisfactoria de los conceptos
correspondientes a la misma. Mi objetivo en esta breve “Nota al Lector” es
puramente pragmático, así que iré al grano: el
propósito de la serie de libros, y de los programas correspondientes, es el de encaminar a mis lectores, alumnos y aprendices hacia una vida de
paz, de serenidad mental y de armonía interior, a enseñarlos a que aprendan a
lidiar con la pérdida, con el estrés, con la ansiedad, con la depresión, con
los traumas, con la ira, con el miedo; a capacitarlos a superar la indefensión
aprendida, el locus de control externo, el resentimiento, el auto-engaño, etc.,
etc.
Mi método, el cómo me propongo lograrlo, consiste en guiarlos
meticulosamente a través del proceso, en el “sendero”, de comprender, de aplicar
e incorporar ciertos esquemas cognitivos-afectivos (de pensamiento y de
emoción), principios filosóficos e ideológicos, y prácticas mentales de
auto-dominio y de poder personal propias de las metodologías milenarias de los
grandes sabios y maestros marciales-espirituales del extremo oriente sobre
todo, pero también de la antigua Grecia y de África. Así de simple, así de
difícil.
Mientras que la civilización occidental se ha distinguido en
su conocimiento y dominio del mundo externo a través de las ciencias y la
tecnología, otras culturas han enfocado en el conocimiento y el domino interno. Ya lo decía Lao Tzu (a quién
llegaremos a conocer en profundidad como uno de los dos patriarcas del Taoísmo):
El que conoce lo externo es un erudito,
pero el que se conoce a sí mismo es un sabio.
El que conquista a los demás es poderoso,
pero el que se conquista a sí mismo es inexpugnable.’
Sabio por encima de erudito, inexpugnable por
encima de poderoso. No vamos a
discutir cuál es más importante ni el por qué – cada uno tiene su valor y
lugar, pero lo que es innegable – salvo para el empecinado más necio, sin
conocimiento propio y sin un dominio sobre nuestras mentes y nuestras emociones
es imposible llegar a ser verdaderamente feliz
en la vida: y lo que es más, el concepto mismo se nos escapa. Simplemente: el que no maneja las emociones, no maneja la mente; el que no maneja la
mente, no maneja la vida; y el que no maneja la vida no puede conocer la felicidad.
Este argumento es central, axiomático,
no solamente a la serie presente, sino a casi toda la filosofía espiritual del
extremo oriente, principios que aunque quizás extraños para la mentalidad
occidental, rigen las vidas de la mayoría de las personas del planeta. Quien no
esté de acuerdo con este argumento nada tendrá que beneficiarse de esta serie
“La Mente del Sabio-Guerrero Iluminado” y pierde su tiempo y su dinero en
comprar los libros o en atender a los seminarios. Punto. Quien lo acepte como
algo lógico y razonable no encontrará ninguna colección literaria o programa de
formación psicofilosófica-espiritual comparable. Para juzgarlo hay que probarlo
ya que, como se dice en inglés, “the
proof is in the pudding”, o sea, la evidencia se encuentra en la prueba misma, en el probar, o sea, en la experimentación. No importa su profesión, su
género, su orientación sexual o su edad, si es un ser humano, y por lo tanto
dotado de una "mente" – y si concuerda con el argumento axiomático
anterior – esta serie de libros, y los seminarios-talleres correspondientes, le
serán de incomparable beneficio y utilidad.
Tanto el contenido de este programa como el programa mismo
tienen su historia. El contenido es milenario, y una buena parte, pero no toda,
de esa antigüedad cognoscitiva tiene sus orígenes en el extremo oriente – y con
suma razón ya que las culturas del extremo oriente, ante todo la hindú,
sobresalen con creces en cuanto a sus tremendas aportaciones a la cuestión de
cómo encararnos exitosamente con los problemas existenciales propios de la vida
humana, ante todo de cómo lidiar con el
problema del sufrimiento en la vida. En cuanto a la India, el escritor
americano Mark Twain, autor de Tom Sawyer y Huckleberry Finn entre otras muchas
obras, diría “en cuanto a la religión
todos los demás países son pobres, la India es el único millonario.” El
indólogo alemán y erudito del sánscrito Max Mueller, fue un gran pionero
occidental en el estudio de la cultura espiritual y religiosa de la India.
Mueller, que trazaría en su búsqueda espiritual, romántica y filosófica, las
raíces comunes de las civilizaciones indoeuropeas a la antigua cultura védica
de la India, tuvo lo siguiente que decir sobre la India:
Si me preguntaran en
qué cielo la mente humana se ha desarrollado más plenamente algunos de sus
regalos más selectos, ha reflexionado más profundamente sobre los problemas más
grandes de la vida, y ha encontrado soluciones a algunos de ellos que bien
merecen la atención incluso de los que han estudiado Platón y Kant, debo
apuntar a la India. Y si me preguntara a mí mismo de qué literatura, para
aquellos que hemos sido alimentados casi exclusivamente en los pensamientos de
los griegos y los romanos, y de la raza semítica, la judía, podemos trazar el
correctivo más deseado con el fin de hacer que nuestra vida interior una vida
más perfecta, más completa, más universal, de hecho, más verdaderamente
humana... de nuevo debo señalar a la India.
De ahí no es de sorprender que aparte de sus innumerables
tradiciones espirituales y religiosas autóctonas, como las numerosas escuelas
del yoga, como el vedismo o brahmanismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo,
el sijismo, etc., también encontramos representados en la India todas las
religiones del medio oriente y del occidente, como el Islam, el judaísmo, y el
cristianismo.
Además de su tremenda variedad, encontramos en el extremo
oriente también una gran diversidad en cuanto a la naturaleza misma de las ideas y por consiguiente de las figuras
religiosas y espirituales. Por ejemplo, mientras que todas las culturas del
mundo han conocido los arquetipos del sabio, del guerrero, y de diversas
figuras espirituales o religiosas (santos, profetas, místicos, mártires,
chamanes, brujas, etc.), algunos de los arquetipos correspondientes en el
extremo oriente no solamente son significativamente diferentes a sus homólogos
en el occidente, sino que se traslapan mucho los unos sobre los otros. Muchos
occidentales se sorprenderían, por ejemplo, al descubrir la íntima relación que
existe entre el arquetipo del guerrero oriental y el del místico – combinación
clásica en el extremo oriente y que vemos, por ejemplo, representado en los
samurái, en los ninja, o en los monjes Shaolín.
De hecho, como veremos en mi ensayo “¿Qué se siente al ser mariposa?”, hasta el concepto del misticismo
en oriente difiere significativamente del occidental. El misticismo, fenómeno
espiritual por antonomasia, se basa en la creencia en que la unión (o la
absorción) con lo sagrado, experiencia y correspondiente entendimiento
inaccesible al intelecto, se puede lograr a través de la contemplación y la
auto-entrega. Esa definición es lo bastante flexible y general como para ser
aplicable a casi cualquier tradición mística. Sin embargo en su aplicación a
las religiones occidentales arraigadas en el monoteísmo ético (el Islam, el
Judaísmo, y las religiones del Dios-Cristo – el protestantismo, el catolicismo,
etc.) y a las grandes religiones del extremo oriente (como el hinduismo, el
taoísmo, o el budismo), es donde comenzamos a darnos cuenta de las severas e
incompatibles discordancias – generalmente hablando – entre la naturaleza y la
función del misticismo de ambas tradiciones.
En el occidente el misticismo es siempre una corriente
sospechosa que por su naturaleza misma raya con la herejía, y por lo tanto es lógicamente marginal al culto oficial puesto que el misticismo prescinde y
socava la autoridad de la religión organizada. Por el mismo motivo es
igualmente irrelevante a la vida cotidiana del devoto puesto que el objetivo
religioso-espiritual del monoteísmo ético no es la experiencia mística, sino
adquirir la “gracia” divina en vida y lograr la inmortalidad (permanencia) como entes independientes
en un paraíso extraterrenal tras la muerte, evitando el infierno –siendo el
judaísmo la gran excepción a esta regla por carecer de un posición “oficial” en
cuando a la existencia post mortem. Por lo contrario, el misticismo es central a todas las vías espirituales o
religiosas del extremo oriente, siendo el objetivo de estas tradiciones el dejar de existir (de renacer) como entes
aislados, alienados del cosmos, objetivo que solamente se consigue durante la
vida misma, no en la muerte.
Otra gran diferencia entre el misticismo oriental y el
misticismo occidental, vinculado inexorablemente a lo anterior, consiste en la
forma irreconciliable en la que las dos difieren en el concepto de lo sagrado
mismo. Para el monoteísmo ético Dios (o Alá, o Yahveh) es lo sagrado, y por lo
tanto es el objetivo central del culto religioso; de ahí que la experiencia
mística consista en conectar con Él, o sea, con algo externo e independiente al
individuo mismo. Para las tradiciones orientales autóctonas, la conexión con lo
sagrado se consigue dentro de uno mismo, en un estado mental, del “ser entero”,
resultante de una experiencia mística que conoceremos como la Iluminación (el moksha en hinduismo, o el nirvana en el budismo). Mientras que el
misticismo en las tradiciones del monoteísmo ético es ajeno al culto religioso
cotidiano y se centra en un ente externo al individuo, sobre el cual no tienen
control alguno, el misticismo de las tradiciones orientales el objetivo
esencial de la práctica espiritual, y consiste en un estado mental sobre el
cual solamente el individuo tiene acceso
y control: ningún dios puede conceder la
Iluminación.
No obstante, lo más relevante, pragmático para nuestro
propósito presente es el énfasis en la relación que estas tradiciones
orientales han puesto en el conocimiento y la praxis en el control de la mente,
en el lograr una serenidad mental independiente de circunstancias ajenas al
individuo, como condición previa e indispensable para alcanzar los objetivos
espirituales: no se puede lograr la anhelada experiencia mística sin antes
poder controlar la mente, y por ende las emociones independientemente de
condiciones de nuestra existencia. Comenzamos a entender, por ejemplo, el
vínculo entre las castas guerreras, como las anteriormente mencionadas, y las
tradiciones espirituales: en ningún lugar es más importante controlar las
emociones que en el campo de batalla.
Comprendemos también, el por qué, la
filosofía oriental difiere sustancialmente de la occidental, ya que para la
primera el objetivo del proceso analítico-razonar viene en gran parte sujeto al
propósito esencial espiritual de la vida. De ahí que en el extremo oriente los arquetipos
del guerrero se fusionen con frecuencia con las de la figura religiosa, y el de
la figura religiosa con la del sabio. De ahí también, por ejemplo, que muchas
de las artes marciales del extremo oriente, muy a diferencia de las tradiciones
guerreras de otras culturas, se hayan desarrollado en unísono con algunas de
las tradiciones filosófico-espirituales y psicológicas más destacadas del
planeta – hasta el punto, en muchísimos casos, de formar una fusión
marcial-espiritual inseparable y coexistente. Ciertamente, influencias
profundas y directas del hinduismo, del budismo, del taoísmo, del Zen
(tradición budista pero destacadamente independiente), etc., han aportado tanto
al desarrollo a la tradición marcial sino-japonesa, por ejemplo, como las técnicas
de combate mismas; en estas tradiciones hablar del Guerrero ideal y del Iluminado
es prácticamente una misma cosa, de ahí el arquetipo compuesto conocido como el
Guerrero Iluminado (objeto de la
serie de programas, predecesoras a la presente, y aptamente titulados “La Mente del Guerrero-Iluminado”).
Aunque desprovista del drama del campo de batalla, la vida
moderna está repleta de actividades estresantes y experiencias desalentadoras
sino devastadoras que manifiestan su impacto de manera adversa en todas las
dimensiones del individuo: en la salud mental y física, en las relaciones
familiares, laborales o de pareja, y en la apreciación de su propio valor o
autoestima. Los efectos de estas actividades y experiencias con frecuencia
resultan en ciclos conductuales perniciosos, como la narco-adicción, el
alcoholismo, la violencia doméstica, el consumismo; en aflicciones mentales
como la ansiedad, la depresión, o el estrés pos-traumático; o en patologías físicas
de origen o dimensión psicosomática, como el asma o la obesidad. De muchas maneras
la vida moderna nos exige a todos que aprendamos precisamente a aquietar los
‘remolinos de la mente,’ para que en la inexorable batalla diaria de la vida
encontremos sosiego en el cansancio, ánimo en la desesperación, y refugio en la
tempestad.
Precisamente para lograr tal propósito, la presente serie de
obras introducen un “nuevo-antiguo” arquetipo: el meta-arquetipo integrado del Sabio-Guerrero Iluminado – el Sennin – o
más específicamente, la mente
(incluyendo la mentalidad) del mismo.
“Meta” porque trasciende divisiones tradicionales de occidente-oriente, al
integrar elementos de tradiciones culturales diversas. “Antiguo” puesto que
vamos a descubrir los antecedentes, los fundamentos, las piezas ideológicas
constituyentes, diseminadas entre las diversas y emocionantes figuras
históricas y mitológicas a lo largo de un fascinante recorrido a través de la
antigua Mesopotamia, de la India, de la China, y del Japón, haciendo escalas
precisas en África, la antigua Grecia, las culturas indígenas de las Américas y
del norte-asiático, y hasta del Paleolítico. A lo largo de este recorrido nos
armaremos de perspectivas excitantemente innovadoras (al menos para la mente
occidental) y a la vez exploraremos técnicas factibles para poner en práctica
esas enseñanzas.
En cuanto a obras, el lector/estudiante podrá contar con una
familiarización esencial de las principales obras clásicas del pensamiento
oriental como el Bhagavad-Gita, texto
sagrado del hinduismo; el Dhammapada,
las enseñanzas del Buda; el Tao De Jing
y el Zhuangzi, las dos textos
esenciales del Taoísmo; las Analectas de
Confucio y la obra de su principal sucesor, el Mencio; el Libro de los Cinco
Anillos del genio de la espada y héroe japonés por excelencia, Miyamoto Musashi; el Arte de la Guerra de gran maestro
estratega por antonomasia, Sun Tzu entre otras, agregando las enseñanzas de
parábolas diversas y completando nuestro aprendizaje con anécdotas provenientes
de figuras heroicas y destacadas como la de Bodhidharma, el primer patriarca
chino del budismo Zen de la tradición marcial del templo Shaolín, como la de
los ninjas, los yamabushi – monjes guerreros del antiguo Japón, y de los samurái
entre otros.
El
método, será literario-filosófico, reminiscente, para algunos quizás, de los
diálogos platónicos y del famoso método socrático; pero aquellos conocedores de
mis obras hallarán vestigios del estilo dialéctico empleado en otras obras mías
como Maestros KAIZEN o Penuel: El Rostro Descubierto de Dios o
incluso Tiempos de Miakoda y Cuentos Ancestrales de Omayok el Grande.
El lector más conocedor de mis artimañas, picardías, estratagemas y diabluras
estilísticas identificará el género literario de mi creación basado en la
técnica del ninjutsu (el conjunto de
metodologías/artes propias de los antiguos ninja)
conocido como el Jumon no Jutsu – “el
arte de la magia de las palabras” o alternativamente “el arte de las palabras
mágicas”, o más bien de ambas a la vez. Ahí se lo dejo a su perspicacia como
lectores.
Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
Instituto KAIZEN Center de MAMBA Ryu
3 de enero, 2014
Playas de Tijuana, Baja California, México

No hay comentarios:
Publicar un comentario