viernes, 3 de enero de 2014

NOTA AL LECTOR


NOTA AL LECTOR:
“Aprenda a aquietar los ‘remolinos de la mente,’ y en la inexorable batalla diaria de la vida encuentre sosiego en el cansancio, ánimo en la desesperación, y refugio en la tempestad.”
Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra, “La Mente del Guerrero Iluminado”, 2007

Como el título implica, esta serie de libros trata simultáneamente de varios temas. Para comenzar nos introduce a un arquetipo humano, a la vez místico y arcaico conocido como el “Sabio-Guerrero Iluminado”; por otra parte nos habla de su “mente”, que incluye por supuesto su ‘mentalidad’. Entendemos intuitivamente al menos, que la ‘mente’ es el aspecto más esencial de cualquier ser humano. Finalmente el subtítulo nos refiere a la acción de seguir un “sendero” por el cual vamos a llegar a conocer a algo quizás sí menos conocido,  el “Sennin”, que quizás hemos deducido que algo tiene que ver con el “sabio-guerrero iluminado”. 

Mucho queda explicar con respecto al título – de hecho toda esta serie de libros hará falta para llevar al lector a una comprensión satisfactoria de los conceptos correspondientes a la misma. Mi objetivo en esta breve “Nota al Lector” es puramente pragmático, así que iré al grano: el propósito de la serie de libros, y de los programas correspondientes, es el de encaminar a mis lectores, alumnos y aprendices hacia una vida de paz, de serenidad mental y de armonía interior, a enseñarlos a que aprendan a lidiar con la pérdida, con el estrés, con la ansiedad, con la depresión, con los traumas, con la ira, con el miedo; a capacitarlos a superar la indefensión aprendida, el locus de control externo, el resentimiento, el auto-engaño, etc., etc.
 
Mi método, el cómo me propongo lograrlo, consiste en guiarlos meticulosamente a través del proceso, en el “sendero”, de comprender, de aplicar e incorporar ciertos esquemas cognitivos-afectivos (de pensamiento y de emoción), principios filosóficos e ideológicos, y prácticas mentales de auto-dominio y de poder personal propias de las metodologías milenarias de los grandes sabios y maestros marciales-espirituales del extremo oriente sobre todo, pero también de la antigua Grecia y de África. Así de simple, así de difícil. 

Mientras que la civilización occidental se ha distinguido en su conocimiento y dominio del mundo externo a través de las ciencias y la tecnología, otras culturas han enfocado en el conocimiento y el domino interno. Ya lo decía Lao Tzu (a quién llegaremos a conocer en profundidad como uno de los dos patriarcas del Taoísmo):
El que conoce lo externo es un erudito,
pero el que se conoce a sí mismo es un sabio.
El que conquista a los demás es poderoso,
pero el que se conquista a sí mismo es inexpugnable.

Sabio por encima de erudito, inexpugnable por encima de poderoso. No vamos a discutir cuál es más importante ni el por qué – cada uno tiene su valor y lugar, pero lo que es innegable – salvo para el empecinado más necio, sin conocimiento propio y sin un dominio sobre nuestras mentes y nuestras emociones es imposible llegar a ser verdaderamente feliz en la vida: y lo que es más, el concepto mismo se nos escapa.  Simplemente: el que no maneja las emociones, no maneja la mente; el que no maneja la mente, no maneja la vida; y el que no maneja la vida no puede conocer la felicidad. Este argumento es central, axiomático, no solamente a la serie presente, sino a casi toda la filosofía espiritual del extremo oriente, principios que aunque quizás extraños para la mentalidad occidental, rigen las vidas de la mayoría de las personas del planeta. Quien no esté de acuerdo con este argumento nada tendrá que beneficiarse de esta serie “La Mente del Sabio-Guerrero Iluminado” y pierde su tiempo y su dinero en comprar los libros o en atender a los seminarios. Punto. Quien lo acepte como algo lógico y razonable no encontrará ninguna colección literaria o programa de formación psicofilosófica-espiritual comparable. Para juzgarlo hay que probarlo ya que, como se dice en inglés, “the proof is in the pudding”, o sea, la evidencia se encuentra en la prueba misma, en el probar, o sea, en la experimentación. No importa su profesión, su género, su orientación sexual o su edad, si es un ser humano, y por lo tanto dotado de una "mente" – y si concuerda con el argumento axiomático anterior – esta serie de libros, y los seminarios-talleres correspondientes, le serán de incomparable beneficio y utilidad.

Tanto el contenido de este programa como el programa mismo tienen su historia. El contenido es milenario, y una buena parte, pero no toda, de esa antigüedad cognoscitiva tiene sus orígenes en el extremo oriente – y con suma razón ya que las culturas del extremo oriente, ante todo la hindú, sobresalen con creces en cuanto a sus tremendas aportaciones a la cuestión de cómo encararnos exitosamente con los problemas existenciales propios de la vida humana, ante todo de cómo lidiar con el problema del sufrimiento en la vida. En cuanto a la India, el escritor americano Mark Twain, autor de Tom Sawyer y Huckleberry Finn entre otras muchas obras, diría “en cuanto a la religión todos los demás países son pobres, la India es el único millonario.” El indólogo alemán y erudito del sánscrito Max Mueller, fue un gran pionero occidental en el estudio de la cultura espiritual y religiosa de la India. Mueller, que trazaría en su búsqueda espiritual, romántica y filosófica, las raíces comunes de las civilizaciones indoeuropeas a la antigua cultura védica de la India, tuvo lo siguiente que decir sobre la India:
Si me preguntaran en qué cielo la mente humana se ha desarrollado más plenamente algunos de sus regalos más selectos, ha reflexionado más profundamente sobre los problemas más grandes de la vida, y ha encontrado soluciones a algunos de ellos que bien merecen la atención incluso de los que han estudiado Platón y Kant, debo apuntar a la India. Y si me preguntara a mí mismo de qué literatura, para aquellos que hemos sido alimentados casi exclusivamente en los pensamientos de los griegos y los romanos, y de la raza semítica, la judía, podemos trazar el correctivo más deseado con el fin de hacer que nuestra vida interior una vida más perfecta, más completa, más universal, de hecho, más verdaderamente humana... de nuevo debo señalar a la India.

De ahí no es de sorprender que aparte de sus innumerables tradiciones espirituales y religiosas autóctonas, como las numerosas escuelas del yoga, como el vedismo o brahmanismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo, el sijismo, etc., también encontramos representados en la India todas las religiones del medio oriente y del occidente, como el Islam, el judaísmo, y el cristianismo.

Además de su tremenda variedad, encontramos en el extremo oriente también una gran diversidad en cuanto a la naturaleza misma de las ideas y por consiguiente de las figuras religiosas y espirituales. Por ejemplo, mientras que todas las culturas del mundo han conocido los arquetipos del sabio, del guerrero, y de diversas figuras espirituales o religiosas (santos, profetas, místicos, mártires, chamanes, brujas, etc.), algunos de los arquetipos correspondientes en el extremo oriente no solamente son significativamente diferentes a sus homólogos en el occidente, sino que se traslapan mucho los unos sobre los otros. Muchos occidentales se sorprenderían, por ejemplo, al descubrir la íntima relación que existe entre el arquetipo del guerrero oriental y el del místico – combinación clásica en el extremo oriente y que vemos, por ejemplo, representado en los samurái, en los ninja, o en los monjes Shaolín. 

De hecho, como veremos en mi ensayo “¿Qué se siente al ser mariposa?”, hasta el concepto del misticismo en oriente difiere significativamente del occidental. El misticismo, fenómeno espiritual por antonomasia, se basa en la creencia en que la unión (o la absorción) con lo sagrado, experiencia y correspondiente entendimiento inaccesible al intelecto, se puede lograr a través de la contemplación y la auto-entrega. Esa definición es lo bastante flexible y general como para ser aplicable a casi cualquier tradición mística. Sin embargo en su aplicación a las religiones occidentales arraigadas en el monoteísmo ético (el Islam, el Judaísmo, y las religiones del Dios-Cristo – el protestantismo, el catolicismo, etc.) y a las grandes religiones del extremo oriente (como el hinduismo, el taoísmo, o el budismo), es donde comenzamos a darnos cuenta de las severas e incompatibles discordancias – generalmente hablando – entre la naturaleza y la función del misticismo de ambas tradiciones. 

En el occidente el misticismo es siempre una corriente sospechosa que por su naturaleza misma raya con la herejía, y por lo tanto es lógicamente marginal al culto oficial puesto que el misticismo prescinde y socava la autoridad de la religión organizada. Por el mismo motivo es igualmente irrelevante a la vida cotidiana del devoto puesto que el objetivo religioso-espiritual del monoteísmo ético no es la experiencia mística, sino adquirir la “gracia” divina en vida y lograr la inmortalidad (permanencia) como entes independientes en un paraíso extraterrenal tras la muerte, evitando el infierno –siendo el judaísmo la gran excepción a esta regla por carecer de un posición “oficial” en cuando a la existencia post mortem. Por lo contrario, el misticismo es central a todas las vías espirituales o religiosas del extremo oriente, siendo el objetivo de estas tradiciones el dejar de existir (de renacer) como entes aislados, alienados del cosmos, objetivo que solamente se consigue durante la vida misma, no en la muerte.

Otra gran diferencia entre el misticismo oriental y el misticismo occidental, vinculado inexorablemente a lo anterior, consiste en la forma irreconciliable en la que las dos difieren en el concepto de lo sagrado mismo. Para el monoteísmo ético Dios (o Alá, o Yahveh) es lo sagrado, y por lo tanto es el objetivo central del culto religioso; de ahí que la experiencia mística consista en conectar con Él, o sea, con algo externo e independiente al individuo mismo. Para las tradiciones orientales autóctonas, la conexión con lo sagrado se consigue dentro de uno mismo, en un estado mental, del “ser entero”,  resultante de una experiencia mística que conoceremos como la Iluminación (el moksha en hinduismo, o el nirvana en el budismo). Mientras que el misticismo en las tradiciones del monoteísmo ético es ajeno al culto religioso cotidiano y se centra en un ente externo al individuo, sobre el cual no tienen control alguno, el misticismo de las tradiciones orientales el objetivo esencial de la práctica espiritual, y consiste en un estado mental sobre el cual solamente el individuo tiene acceso y control: ningún dios puede conceder la Iluminación

No obstante, lo más relevante, pragmático para nuestro propósito presente es el énfasis en la relación que estas tradiciones orientales han puesto en el conocimiento y la praxis en el control de la mente, en el lograr una serenidad mental independiente de circunstancias ajenas al individuo, como condición previa e indispensable para alcanzar los objetivos espirituales: no se puede lograr la anhelada experiencia mística sin antes poder controlar la mente, y por ende las emociones independientemente de condiciones de nuestra existencia. Comenzamos a entender, por ejemplo, el vínculo entre las castas guerreras, como las anteriormente mencionadas, y las tradiciones espirituales: en ningún lugar es más importante controlar las emociones que en el campo de batalla. 

Comprendemos también, el por qué, la filosofía oriental difiere sustancialmente de la occidental, ya que para la primera el objetivo del proceso analítico-razonar viene en gran parte sujeto al propósito esencial espiritual de la vida. De ahí que en el extremo oriente los arquetipos del guerrero se fusionen con frecuencia con las de la figura religiosa, y el de la figura religiosa con la del sabio. De ahí también, por ejemplo, que muchas de las artes marciales del extremo oriente, muy a diferencia de las tradiciones guerreras de otras culturas, se hayan desarrollado en unísono con algunas de las tradiciones filosófico-espirituales y psicológicas más destacadas del planeta – hasta el punto, en muchísimos casos, de formar una fusión marcial-espiritual inseparable y coexistente. Ciertamente, influencias profundas y directas del hinduismo, del budismo, del taoísmo, del Zen (tradición budista pero destacadamente independiente), etc., han aportado tanto al desarrollo a la tradición marcial sino-japonesa, por ejemplo, como las técnicas de combate mismas; en estas tradiciones hablar del Guerrero ideal y del Iluminado es prácticamente una misma cosa, de ahí el arquetipo compuesto conocido como el Guerrero Iluminado (objeto de la serie de programas, predecesoras a la presente, y aptamente titulados “La Mente del Guerrero-Iluminado”). 

Aunque desprovista del drama del campo de batalla, la vida moderna está repleta de actividades estresantes y experiencias desalentadoras sino devastadoras que manifiestan su impacto de manera adversa en todas las dimensiones del individuo: en la salud mental y física, en las relaciones familiares, laborales o de pareja, y en la apreciación de su propio valor o autoestima. Los efectos de estas actividades y experiencias con frecuencia resultan en ciclos conductuales perniciosos, como la narco-adicción, el alcoholismo, la violencia doméstica, el consumismo; en aflicciones mentales como la ansiedad, la depresión, o el estrés pos-traumático; o en patologías físicas de origen o dimensión psicosomática, como el asma o la obesidad. De muchas maneras la vida moderna nos exige a todos que aprendamos precisamente a aquietar los ‘remolinos de la mente,’ para que en la inexorable batalla diaria de la vida encontremos sosiego en el cansancio, ánimo en la desesperación, y refugio en la tempestad.
 
Precisamente para lograr tal propósito, la presente serie de obras introducen un “nuevo-antiguo” arquetipo: el meta-arquetipo integrado del Sabio-Guerrero Iluminado – el Sennin – o más específicamente, la mente (incluyendo la mentalidad) del mismo. “Meta” porque trasciende divisiones tradicionales de occidente-oriente, al integrar elementos de tradiciones culturales diversas. “Antiguo” puesto que vamos a descubrir los antecedentes, los fundamentos, las piezas ideológicas constituyentes, diseminadas entre las diversas y emocionantes figuras históricas y mitológicas a lo largo de un fascinante recorrido a través de la antigua Mesopotamia, de la India, de la China, y del Japón, haciendo escalas precisas en África, la antigua Grecia, las culturas indígenas de las Américas y del norte-asiático, y hasta del Paleolítico. A lo largo de este recorrido nos armaremos de perspectivas excitantemente innovadoras (al menos para la mente occidental) y a la vez exploraremos técnicas factibles para poner en práctica esas enseñanzas. 

En cuanto a obras, el lector/estudiante podrá contar con una familiarización esencial de las principales obras clásicas del pensamiento oriental como el Bhagavad-Gita, texto sagrado del hinduismo; el Dhammapada, las enseñanzas del Buda; el Tao De Jing y el Zhuangzi, las dos textos esenciales del Taoísmo; las Analectas de Confucio y la obra de su principal sucesor, el Mencio; el Libro de los Cinco Anillos del genio de la espada y héroe japonés por excelencia, Miyamoto Musashi; el Arte de la Guerra de gran maestro estratega por antonomasia, Sun Tzu entre otras, agregando las enseñanzas de parábolas diversas y completando nuestro aprendizaje con anécdotas provenientes de figuras heroicas y destacadas como la de Bodhidharma, el primer patriarca chino del budismo Zen de la tradición marcial del templo Shaolín, como la de los ninjas, los yamabushi – monjes guerreros del antiguo Japón, y de los samurái entre otros. 

            El método, será literario-filosófico, reminiscente, para algunos quizás, de los diálogos platónicos y del famoso método socrático; pero aquellos conocedores de mis obras hallarán vestigios del estilo dialéctico empleado en otras obras mías como Maestros KAIZEN o Penuel: El Rostro Descubierto de Dios o incluso Tiempos de Miakoda y Cuentos Ancestrales de Omayok el Grande. El lector más conocedor de mis artimañas, picardías, estratagemas y diabluras estilísticas identificará el género literario de mi creación basado en la técnica del ninjutsu (el conjunto de metodologías/artes propias de los antiguos ninja) conocido como el Jumon no Jutsu – “el arte de la magia de las palabras” o alternativamente “el arte de las palabras mágicas”, o más bien de ambas a la vez. Ahí se lo dejo a su perspicacia como lectores.

Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
Instituto KAIZEN Center de MAMBA Ryu
3 de enero, 2014
Playas de Tijuana, Baja California, México

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